¿Reforma Educacional Chilena, una reforma para superación de la Desigualdad?

Nuestra educación con su sistema segregado y excluyente es el reflejo de nuestra sociedad, y esta el reflejo del colonialismo y posteriormente la economía global que hace de la división del trabajo e ingresos su imperativo, delegando a los países como el nuestro sus actividades productivas, mientras que reservan para los países llamados desarrollados sus actividades gerenciales y administrativas a nivel global. Así es más fácil ser desarrollado, cuando delegas la pobreza a países dependientes, mientras que condena a los nuestros a la eterna promesa de un desarrollo que jamás llegará, con su correspondiente cuota de desigualdad y la represión política.

Es normal bajo esta lógica económica que los países llamados “desarrollados” sean más iguales, porque la estructura de la división del trabajo es diferente, y según esta estructura es normal que en países como en Chile, México, Colombia o Argentina, las diferencias queden más expuestas, dada la división del trabajo acotada y especializada a los sectores productivos de las grandes corporaciones, donde un pequeño grupo de gerentes y administrativos del Sector Oriente, más afín a las clases gerenciales de otros países como el nuestro y a su vez relacionados cultural y étnicamente a los países en donde se encuentran las oficinas administrativas de estas grandes corporaciones.

Es esta clase gerencial, la cual podemos encontrar en todos los países Latinoamericanos, la que está a cargo de los negocios de estas mega-compañías y sus intereses en países como Chile y a partir de esta se estructura hacia abajo la división de la calificación humana, su trabajo y salario. Lamentablemente el sistema educacional no es otra cosa que un reflejo de esta demanda económica y social.

Pensar que ciertas reformas políticas más bien cosméticas corregirán un entuerto que es de dimensiones globales, es de un populismo sin antecedentes previos en nuestra historia. Pero veo más bien con un profundo pesimismo que los problemas son más complejos de lo que piensan los políticos, y las supuestas soluciones sólo están pensadas en un margen muy restringido de la sociedad, aquella que hace de la administración pública una forma de vida. Y es que las reformas están pensadas en los hijos del Estado y la clase política y no en el resto de Chile.

Una educación publica y de calidad dirigida a formar una nueva clase de funcionarios públicos, que probablemente podría ser el único campo en donde la meritocracia socialista de nuestra clase política podría encontrar un espacio para sus frustradas aspiraciones, y para la cual un tipo de educación de elite podría ser posible bajo el concepto que señala esta reforma, lo cual no excluiría la mixtura y diversidad a la carta de nuestro sistema educacional. Porque pensar más allá de eso es simplemente encontrarnos con que nuestro pequeño país sólo es parte de un orden global, para el cual escapan todas las formulas mágicas que podamos inventarnos a nivel local.

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