Yes: Close to the Edge (Critica de la Revista RollingStone de 9 de Nov 1972)

Close to the Edge
Yes
Atlántico SD 7244
POR RICHARD CROMELIN

Los profesionales del “rock progresivo” han pasado los últimos años proporcionando un montón de munición para los críticos del buen y viejo Rock’n’Roll. La mayoría de este rock progresivo tiene un atractivo limitado dado a que su único atractivo consiste sólo en un alarde de virtuosismo técnico, y sus letras con algunas de la “poesía” más vacía jamás vista antes. Puede ser agradable como música para relajarse, pero no va a lograr drogarte. Y por ende yo estaría encantado de sentarme con unas cervezas a pasar un buen rato con alguien que ha gastado 30 copias de “Louie Louie” el último año y disfruta con cada surco de cada álbum The Moody Blues que podría tener en sus manos. Pero no cuenten conmigo si Yes es la siguiente “banda con pretensiones artísticas” para poner en el torna-mesa. Es cierto que no hay sudor en su música (tal como se muestra en sus registros, pero se desenvuelven bastante bien en el escenario), que es una música diferente, por decirlo amable, en vez de agredir todo tu ser como el mejor rock & roll.

En consecuencia, la banda carece de ese aspecto más rebelde. Sin embargo, su música no es del todo estéril. En su lugar, brilla con una frescura y claridad permanente. No escatiman en el uso de sintetizadores y efectos de estudio. La tecnología es más el fuerte de Jon Anderson, que el bajista Chris Squire, removido de Escudero a Grinch, y el tecladista Wakeman, como el tecladista de cualquier banda similar. Ellos tienen al baterista Bill Bruford, mostrandonos sólo una idea de lo que puede hacer (que ahora se ha trasladado a los extraños pastos de King Crimson, donde espera desarrollar mejor su potencial). Su Música no es apasionada, sino que el oyente debe ser más bien consciente del efecto global que viene a través de su experiencia auditiva. Es el sonido, el efecto, lo que en última instancia, provoca los sentidos y sensibilidades.

La banda manipula de manera artística el conjunto de su sonido descomunal, no sólo el manejo dinámicocontrasta con impresionante facilidad y virtuosismo, sino también son capaces de comprimir, estirar y dar desarrollo a la música. Cada elemento se utiliza para mejorar o modificar el estado de ánimo, y nunca nos deja la impresión que un determinado pasaje se incluyó tan sólo porque Rick Wakeman acababa de encontrar un nuevo sonido en su Moog.

Sobrados de recursos, tampoco nos queda la sensación que lleguen a limitarse. La mayor parte del crédito se debe dar a Steve Howe, cuya guitarra por lo general toma la iniciativa en el establecimiento y el desarrollo de la música. Su diestra forma de tocar es una mezcla de ideas musicales estudiadas e improvisación que fluyen de manera intuitiva que desmienten las acusaciones de un perfeccionismo soso que se han lanzado contra él de vez en cuando. Así que la tinteneante guitarra de Howe es modestamente majestuosa.

En cuanto a la entrada en escena de la voz de Jon Anderson, es simplemente un know-out. Aunque hay una distancia notable entre su canto y el lograr establecer una emoción, pese a no tener una verdadera soltura, tiene la libertad necesaria para mantener el control para que no se convierta en una especie de constricción.

Con Close to the Edge, su quinto álbum, Yes ha logrado crear un lenguaje musical coherente con los elementos que han sido pateado por los rockeros progresivos. luego de los temores planteados por Fragile que estos elementos, de una técnica magnífica, pero emocionalmente algo indigente, son contrarrestados por tres extensas piezas cuya única falla es una excesiva preocupación por asegurarse que cada momento tenga el sello característico de la banda, cuando un poco más de variedad y osadía sería un cambio bienvenido. Las letras a menudo sirven como una barrera en lugar de un vínculo entre el oyente y la música.

El lado uno lo ocupa completamente el track que da nombre al disco. Un problema para retener cuando antes de la canción tenemos una larga introducción musical, rompiendo la norma (después de un efecto de sonido brillante decoloración en que oímos el repicar la lluvia y el canto de los pájaros a través de un fraseo estilizado con un tono tímido ligeramente elevado, sin embargo, interesante y humano.

Su abstracción nunca se convierte en artificial, gracias a una inefable calidad semejante a la calidez en su voz, una combinación extraña y única de suavidad y firmeza en la que cada nota es madura y sólida en el núcleo pero acolchada con una dulce suavidad.

Es lo malo que las palabras a menudo tan inaccesible como esto:

“Una bruja veterana podría llamar desde las profundidades de tu desgracia
Y reorganizar su hígado a la sólida gracia mental
Y lograr todo con la música que viene rápidamente desde lejos.
Luego probar la fruta que el hombre registro
perdiendo todo contra las horas. “

Tales circunvoluciones son por desgracia frecuentes en las canciones de Yes. Sus mejores letras son breves, frases simples y directas que no tratan de significar mucho internamente, pero sólo quieren añadir una dimensión cuasi literal que complementa el humor de la música -como la recurrente “I Get Up, I Get Down” que aparece por primera vez al final de este movimiento inicial (“The Solid Time of Change”).

En “Total mass retain” los racimos de la música sen hacen más urgentes. Un modesto solo de hammond nos introduce a “I Get Up/Get Down”, en el que la compleja interacción vocal entre Anderson, Howes y Squire, gradualmente introducen a Wakeman quien con un magnifico y grandielocuente entrenamiento en los multi-teclados nos estremece con un órgano de iglesia y de vuelta al tema central con un par de explosiones de su moderno sintetizador, toma un breve solo, con un órgano de jazz y estamos en el tramo final, “Seasons of Man”. Aquí todo es muy acelerado, corriendo hacia adelante como una venganza, pero al mismo tiempo mantiene una belleza casi etérea. fusionándose progresivamente con un repetido “I Get Up”, sucede con toda su fuerza (y muy bien capturado por la producción de Yes y Eddie Offord) antes de fundirse en el desvanecimiento lento de la lluvia y el tintineante sonido de las aves con el que empezó todo.

El delicado eco de la guitarra electroacústica de 12 cuerdas de Howe es el foco de “And You And I”, que, con un poco de edición es el mejor candidato para el siguiente single heredero a “Roundabout”. Con el alegre y elegante canto de Anderson y una melodía pegadiza, es un buen ejemplo del don de Yes para la construcción de una sutil actitud contemplativa con un énfasis en los cambios y la estratificación gradual de los elementos dentro de la parte instrumental. Una vez más, se divide en tres pretenciosas secciones tituladas: “Cord of Life”,” “Eclipse” “The Preacher The Teacher”, y una vez más las letras podrían ser descifradas mejor con un estudió cuidadoso.

“Khatru Siberian”, el corte final, se basa en un modelo simple que está muy bien desarrollado y modificado en el curso de la canción. Palabras y frases crípticas abundan, pero no se interponen en el camino de algunos hermosos pasajes vocales, con saltos sorprendentes, incluyendo la entrada de un sitar y un solo de clavicordio en cascada por Wakeman que casi nos hace cosquillas. Alcanza con una coda sobrealimentado tiempo doble con discordantes coros “Da-da-da” evocando a Stravinsky, y se desvanece en un corte completo, con una vertiginosa carrera instrumental con Steve Howe ligeramente a la cabeza.

¿Qué significa todo esto? se preguntaran. De seguro no significa la adolescencia, ni los besuqueos de los novios o la rebeldía ni todas esas cosas que se supone que el  rock & roll debería tratarse. Por el contrario, por estrangulador que parezca se trata de música madura, quizá no oscura o pseudo-filosófica, pero si filosófica, y sin embargo, Buena! Pero si hay un problema en nuestra apreciación o en la definición de música de Yes, este es el resultado directo de nuestros criterios rígidos y admitir sólo a lo que estamos acostumbrados, en lugar de ampliar nuestras fronteras de la percepción, de acuerdo con lo que los artistas optan por presentarnos.

Es mejor ver la música de Yes como una pintura de sonidos, sin más significado que algo así como la belleza de un lienzo de Monet. En realidad, la pintura china podría proporcionar una analogía más adecuada, tanto en estilo y preocupación. Los colores de Yes son los matices sutiles, casi imperceptibles, pero los trazos principales son audaces y densos, aplicados con seguridad y un instinto natural.

Y como el arte chino. el tema de la música de yes es la naturaleza, sobre todo el hombre en la naturaleza. Con un trasfondo místico, mítico que corre a través de la música, y cuando Anderson canta algo como “Y tú y yo subimos a cruzar las formas de la mañana” se entiende la idea de que está frente a un dios o una diosa y no como objeto de amor mundano (aunque aquí no son excluyentes). Así el agua domina sus paisajes, pero la liquidez que impregna la música tiene una cualidad futurista sobre ella, es un elemento metálico que se fusiona en una embriagadora mezcla del pasado primordial y el futuro brillante.

“Pero, ¿Es esto rock&roll?” Y a quien le importa.

Rolling Stone
Nov 9,1972
Issue 121
Records
CTTE

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