Christopher Gillberg: El Sindrome de Asperger en una Mujer de 30 años.

Antecedentes:

Algunas de las características más destacadas del Síndrome de Asperger pueden ser interpretados como exageraciones extremas de lo que algunas personas se refieren como “la psique masculina” (la tendencia al aislamiento social, el pensamiento extremadamente lógico, poco expresivo, los intereses especificos o estrechos en lugar de un patrón variado de intereses) .

En realidad, hay algunas evidencias empíricas de que este estereotipo no puede ser una representación completa de la realidad. En efecto, los hombres tienden más hacia el típico estereotipo, y luego una dosis de genes o un daño cerebral menos grave se necesitarían para ” detonar”, en comparación con lo que se requeriría en el caso de las mujeres.

Esto podría explicar en parte la desproporción de genero en el Síndrome de Asperger. En relación con esta línea de razonamiento esta la idea de que las niñas con problemas centrales del síndrome de Asperger pueden pasar desapercibidas en las clínicas donde se diagnostica el trastorno del espectro autista. Si las mujeres con características claves muestran una diferencia ligera en el fenotipo (más o menos equivalente a la ‘presentación sintomática’) en comparación con los hombres, entonces el prototipo de hombre -como lo describió Asperger- conectada con nuestra conceptualización del síndrome conduciría a su subdiagnóstico en las mujeres. Varios estudios recientes han argumentado que este puede ser el caso, y las mujeres pueden recibir una gran cantidad de otros diagnósticos, incluyendo trastornos de personalidad, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de alimentación o depresión atípica, cuando de hecho el Síndrome de Asperger habría sido un diagnóstico más apropiado y de mejor ayuda.

Testimonio:

Fiona buscó ayuda psiquiátrica debido a una sensación general de fatiga y vacío. Ella había consultado anteriormente en numerosas ocasiones a su médico de cabecera por los mismos síntomas, pero ella nunca sintió que recibió una ayuda real a su problema. Hubo un tiempo en que le habían dado una receta de antidepresivos. Estos habían provocado efectos secundarios graves como baja de presión y una sensación como si su cabeza fuera un enorme globo y temblor en sus brazos, a partir de esta experiencia ella se había jurado jamás volver a tomar un medicamento de este tipo. En otra ocasión había sido remitida a un psicólogo. Asistió a varias sesiones, pero finalmente se dio cuenta que estas sesiones sólo giraban en torno a la relación con su hermana y su madre, y no la ayudaban en nada. Por supuesto ella creía que la mayoría de sus problemas eran debido a su mala relación con su madre desde que tenía 10 años, pero ella se sintió que desenterrar sus problemas de su infancia no sería una solución.

Durante toda su infancia había sentido que era muy diferente de otras personas. Aún así, nunca antes había expresado el problema en estos términos. Una tía danesa a quien solía escribir en Navidad y de verano le había enviado recientemente un libro titulado entre el autismo y la normalidad y le había puesto una pequeña dedicatoria en la que había escrito que el libro era sobre ella misma y tal vez sobre Fiona también. Fiona había leído en un estado casi febril y llegó a la conclusión de que su tía tenía razón. El libro era sobre el síndrome de Asperger. Fiona había visitado la Biblioteca de Medicina y leyó todo lo que pudo encontrar sobre el síndrome de Asperger o “psicopatía autista”, como también era llamado. Ella prefiere el término síndrome de Asperger o AS, como ella había empezado a nombrar el desorden. Hizo una lista de los 20 síntomas de la enfermedad que había encontrado en un libro Inglés de 1991. En su propia opinión presentaba 18 de estos síntomas. Después de los primeros días de ansiedad y la exaltación se había calmado y se había comenzado a adaptarse a su nueva situación. Ella finalmente se sintió como en casa, y escribió una carta a su tía donde le menciona que ella había hecho una cita con un psiquiatra y que ella escribiría más extensamente cuando fuera a verlo.

El psiquiatra había leído sobre el síndrome de Asperger, pero nunca había hecho un diagnóstico propio. Se reunió con Fiona tres veces y luego llegó a la conclusión de que ella presentaba algunos de los síntomas que podrían encajar en el diagnóstico, pero sólo eran “algunos rasgos”. En cambio, pensaba que sufría de un trastorno esquizoide de la personalidad, un trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo, posiblemente. Fiona quedó con una sensación de abatimiento completo, pero esa misma noche decidió que la psiquiatría y no ella, estaba equivocada. Ella escribió una carta de 12 páginas a su tía que resume su infancia aislada.

Sus padres y su hermana siempre habían tratado de provocar su interés por otros niños. Ella tomó un gran interés por las lenguas, a los 4 años de edad había tratado de aprender todas las palabras en sueco, así como en Inglés, francés y alemán. Ella memorizo frases hechas, a veces sin entender del todo su significado y sin tener que utilizar en contextos sociales. Había tenido varias obsesiones: tejido, crochet, bordado, hebreo, Mesopotamia, Groenlandia y frecuentemente la habían absorbido ella hasta el punto de que ella no había sido capaz de dormir por la noche. Recordó cómo todo el mundo se había quejado de ella cuando era más joven, que nunca entendieron lo que quería decir, que siempre parecía “graciosa” o al menos no como ella esperaba que la vieran. No estaba segura si había tenido problemas motores, pero si que había detestado la educación física en la escuela. Su tía escribió un una breve carta, sin embargo, con muchos detalles acerca de sus problemas similares a los de Fiona. Decidieron recurrir juntas a un psiquiatra cuyo nombre la tía de Fiona había recibido de un auxiliar de la biblioteca en el trabajo y que de acuerdo con un informe había tratado muchos de los pacientes con autismo.

Las dos mujeres viajaron al extranjero y vieron al psiquiatra, y éste confirmó el diagnóstico de síndrome de Asperger en ambas mujeres. El médico expresó su sorpresa por el hecho de que no habían contactado a los expertos suecos o daneses que realmente habían escrito estudios reconocidos sobre el autismo y el síndrome de Asperger. Ninguna de las mujeres había pensado en esta posibilidad y se echaron a reír en voz alta cuando se dieron cuenta de lo absurdo de la situación.

Comentarios

La mayoría de los psiquiatras de adultos tienen una experiencia muy limitada en el diagnóstico del síndrome de Asperger. Ellos están generalmente más familiarizados con términos como esquizoide, esquizotipo y trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva. No era del todo “incorrecto” al hacer un diagnóstico de este tipo en el caso de Fiona, ya que cumplía con los criterios. Sin embargo, el síndrome de Asperger es un diagnóstico más adecuado, ya que surge de condiciones relativamente inalteradas con inicio durante los primeros años de la infancia, en contra de los diagnósticos de trastornos de la personalidad que no se deben hacer hasta bien entrada la edad adulta. Hoy en día también tenemos acceso a mucha más literatura especializada sobre el síndrome de Asperger que en trastornos de la personalidad y la capacidad de comunicarse con otras personas con el mismo diagnóstico -por ejemplo a través de Internet- lo que hacen del diagnóstico, más fácil.

Cada vez es más común que los pacientes buscan médicos para preguntar específicamente si sufren el síndrome de Asperger. Cada vez más psiquiatras y médicos de adultos comienzan a familiarizarse con la condición y hacer diagnósticos en este campo.

A Guide to Asperger Syndrome-Christopher Gillberg – Págs:133-134

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