Christopher Gilbert: ¿Es posible la Empatía en las personas con Síndrome de Asperger?

La capacidad de comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, es decir, la capacidad para atribuir estados mentales a otras personas, es limitada en el autismo. Las habilidades para la empatía están severamente afectadas en todos los niños pequeños con autismo clásico. De acuerdo con las pruebas de laboratorio en pre-escolares, muestran que la mayoría de ellos carecen por completo de esta habilidad. Algunas de las personas más profundamente impedidas con autismo pueden carecer de estas habilidades de empatía durante toda su vida. Los niños neurotípicos en cambio desarrollan estas habilidades ya en sus dos primeros años de vida.

Los niños neurotípicos, por ejemplo, tratan de buscar la mirada de otras personas para entender los objetos o eventos que han observado por ellos mismos. Además, muy temprano en la vida se acercan a otras personas por comodidad, en busca de ayuda e información. Tales comportamientos normalmente no se ven en pre-escolares con autismo clásico.

La capacidad de empatía también es llamada mentalización por los psicólogos cognitivos, y “empatía” por los psiquiatras infantiles.
Las habilidades de empatía son necesarias para interpretar el mundo y lo que sucede, en lugar de la pobreza de sus términos concretos. Sin una teoría de la mente, sería imposible atribuir estados mentales a las personas, sus acciones tendrían que ser interpretadas en términos estrictamente intelectuales. Las acciones de otras personas serían tomadas por su valor nominal sin una comprensión de las intenciones subyacentes, deseos, esperanzas o sentimientos. Las habilidades de “sentido común” son deficientes, a menos que se enseñe o entrene rigurosamente.
La capacidad de Mentalizar muestra mucho menos deterioro en las pruebas de laboratorio de edad escolar en los niños, adolescentes y adultos con el Síndrome de Asperger, incluso en casos en que la impresión clínica habría sugerido una minusvalía importante en esta área. Sin embargo, aunque en el entorno del laboratorio se puede llegar a una “conclusión correcta”, a menudo lo hacen de manera forzada. La capacidad de empatía puede ser concebida como sinónimo de habilidades para la empatía. La pobre capacidad de empatía invariablemente deriva en una capacidad deficiente para tomar la perspectiva de los demás y por lo tanto, una pobre capacidad para ponerse en el lugar de los demás. Esta es exactamente la capacidad que se requiere para la empatía.
La experiencia clínica sugiere que los niños pequeños que luego se ajustan al diagnostico del Síndrome de Asperger carecen de la capacidad de empatía en los primeros años de vida. Cuando la capacidad finalmente emerge, se retrasa en su desarrollo. Incluso cuando, en la adolescencia o la edad adulta, pueden pasar las pruebas formales de empatía – con o sin peculiaridades obvias en la forma de resolución de problemas
Sus habilidades para la empatía son más lentas, más intelectuales que intuitivas o simplemente no de una manera espontanea. La persona con Síndrome de Asperger no tiene las habilidades para la empatía de manera apropiada para su etapa de desarrollo (entre los 2 – 5 años de edad) cuando se espera que tengan las habilidades para interactuar recíprocamente con compañeros de su edad y entrenarse en la interacción social.
Esto conduce a una calidad inusual de interacción y comunicación, una que puede sentirse por otras personas como rara, tiesa, demasiado formal, empaquetada, rebuscada o rígida. En su contacto personal con otros, la persona con síndrome de Asperger no será capaz de procesar toda la información social disponible en un momento dado, y la relación se sentirá como deficiente, la interacción será percibida un tanto torpe.
Hay diferentes niveles para la empatía.
El nivel más básico se puede conceptualizar en términos de “yo creo que usted piensa” (primer nivel/representación mental de primer grado – o meta-representaciones).
La siguiente etapa corresponde a: “Creo que usted piensa que ella piensa (representación mental de segundo nivel).
Otros niveles son: (‘Yo creo que usted piensa que ella piensa que él piensa”) y que corresponden a los niveles tercero y más altos de meta-representaciones.
Las personas con autismo clásico tienen dificultades ya en el primer nivel, y estos problemas suelen persistir durante toda la vida. Las personas con Síndrome de Asperger parecen tener este tipo de problemas desde los 4 a 6 años de edad, después de lo cual los problemas en el segundo nivel pueden ser obvios hasta unos 10 años de edad en que las dificultades en el tercer o más altos niveles pueden ser todo lo que queda por superar.
En otras palabras: la capacidad subyacente de las habilidades de empatía están severamente retrasadas en su desarrollo y nunca podrán alcanzar el nivel alcanzado por la mayoría de las personas neurotípicas antes de la adolescencia. Basado en el trabajo clínico no puede haber ninguna duda de que las personas con Síndrome de Asperger les resulta agotador y extenuante reflexionar acerca de los pensamientos y sentimientos de las otras personas.
Las personas con Síndrome de Asperger no se les ocurriría intuitivamente tener en cuenta la perspectiva de las otras personas o salir de su punto de vista egocéntrico. Las opiniones están divididas en cuanto a la especificidad en los problemas para la empatía en los trastornos del espectro autista. Varios estudios sugieren que los leves a moderados problemas en el campo de la empatía ocurren en una serie de condiciones, no sólo los trastornos del espectro autista.
Está claro que una medida para definir la salud mental, se requiere cierta capacidad para la empatía (comprensión de las intenciones y los sentimientos de las demás personas), incluyendo a los niños de primaria (primer nivel). Aunque hay indicios que niños con un desarrollo normal ya son capaces de la empatía ya al primer año de vida, pero con el fin de pasar las pruebas formales, se requiere una edad mental de 4 a 6 años de edad.
Esto significa que los adolescentes con retraso mental severo, o los niños con problemas de lenguaje no lo van a hacer bien en este tipo de test. Los niños con diagnóstico de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o déficit de atención, o problemas de motrocidad y percepción (DAMP) que han marcado rasgos autistas, tienen problemas para la empatía, los cuales son fuertes reminiscencias de los que se pueden encontrar en el autismo clásico.
Sin embargo, las personas con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) o DAMP (Déficit de atención, motricidad y percepción) que no muestran rasgos autistas marcados pueden no tener problemas importantes para la empatía.
La Atención Compartida es considerada por muchos como uno de los requisitos previos para el desarrollo de una teoría de la mente. La Atención Compartida se refiere específicamente a la capacidad de mirar a un objeto y observar algo junto con alguien más sin dejar de ser conscientes del hecho de que la otra persona está observando la misma cosa.
Esta capacidad se puede observar en los recién nacidos en el primer año de edad, “El ejercicio es simple, la madre mira una lampara, el niño también la mira, y luego el niño mira a la madre para comprobar que su madre esta viendo lo mismo, y luego ambos miran la lampara entendiendo implícitamente que ambos comparten la misma experiencia”. Algunos investigadores han postulado que los niños con desarrollo normal tienen una habilidad innata para detectar la dirección de la mirada de los demás.
Esta capacidad esta programada para asegurar el desarrollo de una “imagen del mundo” similar a la de las demás personas que son importantes en el entorno cercano del niño. Un deterioro o poco desarrollo en esta capacidad innata sería una característica típica de las personas dentro de todos los trastornos del espectro autista, incluyendo las personas con Síndrome de Asperger. Si no atiendes ni miras las mismas cosas o eventos como otras personas de su entorno más cercano, usted no tendrá una buena comprensión de lo que otras personas encuentran importantes o los momentos en los cuales las otras personas les gustaría que ponga su atención. La base para el desarrollo normal de las Habilidades de Atención Compartidas no estarán presente. La capacidad de desarrollar una empatía normal y en consecuencia la empatía, se vería seriamente obstaculizada.
Las Habilidades empatía requieren el óptimo funcionamiento de muchas regiones funcionales diferentes del cerebro. Áreas en las regiones totemporal temporales, frontales y laterales del cerebro parecen ser necesarias para el surgimiento de habilidades “normales” de empatía. Es posible que las funciones óptimas en un área específica en la parte izquierda del lóbulo frontal (área de Brodmann 8/9) son necesarias para la adquisición de habilidades de empatía adecuados. Estas áreas del cerebro se han determinado como crucialmente importantes para la capacidad de procesar las tareas de empatía una manera rápida y eficiente.
El Deterioro de la Capacidad para la empatía puede inferirse por los malos resultados de ciertas pruebas neuropsicológicas. Las Soluciones correctas a las más complejas tareas de los sub-tests en el ordenamieto de imagenes al azar WISC-R (Wechsler Intelligence Scale for Children-Revised) y el WAIS-R (Wechsler Adult Intelligence Scale-Revised) requieren una cierta comprensión de los pensamientos, deseos y sentimientos de las otras personas. Imágenes que representan diversos tipos de eventos – que van desde eventos muy “concreto” a algo más “abstracto” – tienen que ser dispuestos en orden a fin de producir una “historia” coherente. Las personas con síndrome de Asperger, como la mayoría de las personas con autismo, tienen una considerable dificultad para resolver estas tareas. Pueden pasar las tareas para ordenar las imágenes que miden la comprensión mecánica de un evento, pero fallan en aquellas que requieren una comprensión de los sentimientos y las intenciones de las personas que aparecen en las fotos. De acuerdo a la sub-prueba de WISC-III (una versión más reciente que el desacreditado WISC-R) parece ser considerablemente menos eficiente en el aprovechamiento de los problemas de empatía, posiblemente porque hay indicios perceptivos más visuales a la solución correcta de las tareas en esta versión que del WISC-R. Simon Baron-Cohen ha diseñado una serie de arreglos de imagen específicamente para su uso con personas con trastornos del espectro autista (Baron-Cohen et al. 1986).
La sub-prueba de comprensión de las diversas escalas de Wechsler puede ser vista como una medida de sentido común. Se pide a la persona afectada responder a preguntas como: “¿Qué haría usted en caso de incendio? Los niños con autismo clásico a menudo tienen grandes dificultades con estas preguntas-abiertas de este tipo y por lo general fracasan en esta prueba. Los niños pequeños con síndrome de Asperger también pueden caer por debajo de la marca en esta prueba. Sin embargo, a medida que crecen, por lo general hacen bien o incluso muy bien en la prueba de Comprensión.
Dada las habilidades verbales y el hecho de que la gente a su alrededor puede haberlos entrenado específicamente para demostrar Sentido Común, puede permitir que el niño responda correctamente a una serie de situaciones psicosociales bastante predecibles en estos Test. Los padres o maestros pueden saber intuitivamente que el niño con Síndrome de Asperger carece de sentido común y empatía, y saben bien que fueron entrenados por sus padres para demostrar estas habilidades que claramente no tienen de manera natural, sólo para responder el Test.
Hay una serie de otras pruebas que pretenden determinar el déficit para la empatía. Algunos de ellos han sido ampliamente utilizado (‘Sally-Anne”,”Smarties”,”Rabbit”) y puede ser útil en la exploración de la teoría de los déficits cognoscitivos en las personas con trastornos del espectro autista. Sin embargo, las propiedades psicométricas para algunos de ellos no han sido bien explorado. Muchas de estas pruebas han sido desarrolladas por los grupos de investigación de Uta Frith, Simon Baron-Cohen y Francesca Happe.
Para las personas mayores en el espectro del autismo hay pruebas más complejas y sutiles – incluyendo historias absurdas y pruebas de humor e ironía – con el objetivo de aprovechar el área de las habilidades para la empatía. Algunas de estas pruebas han sido desarrolladas por Claire Hughes y Margaret Dewey (y los grupos de investigadores aquí mencionados). Varios de estos estudios han detectado los problemas para la empatía en grupos de niños que no tienen autismo o síndrome de Asperger.
Por lo tanto, la Teoría de los Problemas de la Mente no son exclusivos de los trastornos del espectro autista. Sin embargo, son muy comunes en este tipo de trastornos. La comprensión de las implicaciones en los problemas para empatía y mentalización, ha abierto una nueva ventana en el estudio del autismo y del Síndrome de Asperger. Muchos de los problemas sociales y de comunicación típicas de estas condiciones puede ser detectado y eficazmente tratado dentro del marco del déficit de Mentalización.
(Christopher Gilbert: Guide Asperger Syndrome p. 73-76)

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