Michael Fitzgerald: Adolph Hitler y el Síndrome de Asperger

Una frase que Winston Churchill acuñó con referencia a Rusia fue “un misterio dentro de un enigma” frase que sería muy útil para aplicar a Hitler. A continuación veremos como muchos de los rasgos de Hitler revelan a una persona con fuertes rasgos autistas. (Más precisamente, cumpliendo todos los criterios descritos por Hans Asperger).

Hitler estuvo interesado en el arte, pero fracasó en sus esfuerzos para entrar en la Academia de Viena. Vivió en la pobreza, desempleado o haciendo varios trabajos menores, hasta que se traslado a Munich y se ofreció voluntariamente para el servicio en la Primera Guerra Mundial, durante la cual fue condecorado. Se decía que era muy valiente y nunca trató de evadir las tareas peligrosas en la guerra. Está claro que el ejército le dio una estructura que pudo adaptarse a su forma de ser, y lo sacó de las calles. Después de la guerra regresó a Munich, se convirtió en miembro del Partido de los Trabajadores Alemanes y comenzó su ascenso, básicamente, como un orador en una cervecería. Después se produjo su rápido ascenso para convertirse en líder de la nación alemana, la Segunda Guerra Mundial y su muerte por suicidio.

Él tuvo una pobre vida sexual, además de pobres y estrictos hábitos alimenticios. Rechazó cualquier contacto físico, incapaz de forjar amistades genuinas, y mostró un enorme vacío en su relaciones personales (28). Sus conversaciones en El Hogar de los Hombres en Viena fueron realmente arengas en las cuales jamás ínter-actuaba con los demás, por que carecía de esa capacidad. En Munich era distante, ensimismado, retirado y sin amistades (29). Sus compañeros lo retrataron como una persona sin sentimientos humanitarios (30).

Él fue extremadamente torpe e inseguro en los pequeños grupos sociales. Mostró poco interés humano en sus seguidores, e incluso uno de sus principales partidarios lo acusó de “tener un enorme desprecio por la humanidad” (31). Uno de sus colegas, Gregor Strasser, señaló que había “algo como de otro mundo” sobre Hitler. “carecía de interés en la vida de otros seres humanos y con ello una falta de buen juicio sobre las personas… y jamás desarrolló un vínculo genuino con los demás” (32).

Su des-adaptación e incomodidad con la gente fue más evidente en sus relaciones con las mujeres (33). Durante toda su vida sólo tuvo un ligero interés en un par de mujeres. Una de ellas fue su sobrina, Geli Raubal (de 16 años), quien se convirtió literalmente en su prisionera y llegó a decir “mi tío es un monstruo”; y que más tarde aparentemente se suicidó en su apartamento. Su segunda relación fue con una becaria llamada Eva Braun (34), que al parecer intentó suicidarse con un disparo en 1932 y murió con él en el búnker en 1945.

Sus colegas lo consideraban como una figura lejana: era un personaje obsesivo y los obsesivos raramente hacen una buena o interesante compañía, excepto para aquellos que comparten sus intereses restringidos o específicos, o sus obsesiones, o bien entre aquellos que lo temen, o tienen una personalidad desequilibrada o dependiente (35). Él fue una persona inquebrantable e inflexible.

Pasó mucho de su tiempo con Albert Speer, examinando mapas y planos arquitectónicos, siendo un foco importante de su interés durante toda su vida. Su otro interés principal fue la música de Wagner. Pero su mayor interés, claramente, fue tener el control sobre la gente. Su habilidad para lograr ese control fue extraordinario:

Él fue capaz de imponer su visión hasta convertirse en un poder absoluto, al grado que sus subalternos estaban dispuestos a obedecer sin rechistar las órdenes de un ex-cabo, al grado de desatender las instrucciones de otros “profesionales” y “autoridades” claramente más calificadas, obedeciendo a-críticamente a un autodidacta cuyo único talento fue el de agitar las emociones básicas de las masas. (36) Él fue un ideólogo con una convicción inquebrantable (37).

Hitler tenía una compulsión con el orden en que debía hacerse su cama, exigía que su cama se hiciera de una manera bien particular con el edredón doblado de acuerdo a un patrón prescrito y promovía que todo hombre debía hacer su cama antes de irse a dormir. (38)

Hitler no hacia uso del lenguaje con el propósito de ínter-actuar con otras personas, sino sólo con el propósito de dominar a los demás. Él hablaba extensamente y al vacío sin cesar, con discursos pedantes, y argumentos ilógicos llenos de comparaciones crudas y aluciones baratas (39). Cuando Anton Drexler, (40) líder de la DAP, lo escucho hablar por primera vez en septiembre de 1919, él comentó: “la verdad es que él tiene un don, y bien podríamos usarlo” (41).

Hitler era considerado como un gran orador, aunque su voz podría ser considerada desagradable. “Su voz es áspera y con frecuencia se rompe en un falsete agudo cuando se apasiona” (42). No era capaz de mantener una conversación normal o una discusión con la gente. Incluso si sólo había una persona presente, él hablaba como si estuviera frente a una multitud. “Su manera de hablar pronto perdía el sentido de una conversación que al principio podría haber tenido y pronto adquiría todas las características de una conferencia que rápidamente se convertía en una larga diatriba. Él simplemente se olvidaba de sus compañeros y se comportaba como si se dirigiera a una multitud”, repitiendo las mismas historias una y otra vez de la misma forma, casi como si las hubiera memorizado (43).

Después de la Primera Guerra Mundial sus gestos torpes fueron retratados de la siguiente manera (44):

“Siempre con su sombrero de gángster, su gabardina sobre su saco, haciendo alarde de una pistola, y llevando un látigo para perros, resultó ser una figura extraña en los salones de la clase alta de Múnich. Pero su excentricidad de vestir y sus exagerados y vulgares manerismos fueron celebrados y aplaudidos por sus anfitriones condescendientes junto con todos sus elegantes y sofisticados invitados.” (45)

Podemos ver como en sus primeros días siempre llevó su traje típico bávaro de pantaloncillos cortos y suspensores. Sus ropas nunca estaban limpias, con su boca llena de dientes podridos, marrones y sus largas uñas, presentaba un cuadro bastante grotesco. Su andar era como el de una señora, siempre dando pequeños y delicados pasos. Cada pocos pasos ladeaba su hombro derecho con nerviosismo, mientras miraba su pierna izquierda mientras lo hacía. Él también tenía un tic en el rostro que causaba que la comisura de sus labios se enrollara hacia arriba. La gente encontraba su mirada vacía y muerta” (46).

Herman Rauschning declaró que “cualquier persona que haya visto a este hombre cara a cara, no puede dejar de notar su mirada incierta, sin profundidad ni calor, sus ojos atormentados y remotos. Todo quienes lo han conocido, sin duda han experimentado la extraña sensación que este hombre no es normal”. (47)

Ernst Hanfstaengl, un conocido empresario de la clase alta norteamericana, retrató los modos torpes en la mesa de su celebre invitado, particularmente con el uso del cuchillo y tenedor durante las cenas para reunir fondos en su casa en Munich (48).

“Sólo comía grandes cantidades de huevos, que fueron preparados de 101 maneras diferentes por el mejor chef en Alemania, y una gran variedad de verduras frescas preparadas también de manera muy inusual. Además de consumir increíbles cantidades de pasteles y tortas.” (49)

Así Adolf Hitler, más allá del mito, nunca fue un esquizofrenico ni un psicópata, sino que bajo el serio análisis clínico a partir de testimonios reales de sus contemporáneos, cumplió todos los criterios de la psicopatía autista descrita por Hans Asperger (50). El fue la combinación de una persona quebrada y atormentada con autismo y una nación en crisis después del desastre de la Primera Guerra Mundial. Aunque esta nación era moderna, culta, y tecnológicamente avanzada, todo eso causó que Alemania se hundiera en lo Kershaw (51) describió como “una terrible forma de brutal rapacidad apenas imaginable que reventó en el núcleo de la sociedad alemana”.

Michael Fitzgerald Autism and Creativity
Is there a link between autism in men and exceptional ability?
Michael Fitzgerald

Págs 20, 21, 22.

Referencias:

28 I.Kershaw, Hitler 1889-1936: Hubris, London: Allen Lane, 1998, p. 46.
29 Ibid., p. 84.
30 Ibid., p. 93.
31 Ibid., p. 281.
32 Ibid., p. 343.
33 W.C.Langer, The Mind of Adolf Hitler, New York: Basic Books, 1972, p. 86.
34 Ibid., p. 353.
35 Kershaw, op. cit., p. 342.
36 Ibid., p. xii.
37 Ibid., p. xxviii.
38 Langer, op. cit., p. 71.
39 Kershaw, op. cit., p. 293.
40 Deutsche Arbeiter Partei—German Workers’ Party.
41 Anton Drexler, in Kershaw, op. cit., p. 107.
42 Langer, op. cit., p. 45.
43 Ibid., p. 83.
44 Ibid., p. 187.
45 Ibid., p. 188.
46 Langer, op. cit., p. 43.
47 Herman Rauschning, in Kershaw, op. cit., p. 99.
48 Ibid., p. 187.
49 Langer, op. cit., p. 93.
50 Asperger (1944), op. cit.
51 Kershaw, op. cit., p. xx.

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